domingo, 3 de agosto de 2008

Hilachas

Me hundo en la cama a navegar un sueño que no sueño. La vigilia improductiva de algunas noches me corroe la cabeza y envejece la comisura de mis labios.

Siento el olor del tiempo que transcurre en vano, mientras la tele destella imágenes insípidas.
Es la resaca de la quietud del alma. Me muerde los ojos y lame como un perro mis orejas para mover las estrellas y mis piernas echadas a la nada.

Juego el engaño del amanecer. Me prometo que mis dedos se moverán llenos de hormigas sobre una página en blanco, contando historias increíbles, o enumerando azucenas de plástico como en un mundo todo hecho de 3 D.
Me rasco la cabeza atontada y salen de mis rulos hilachas de luciérnagas y riestras de grullas de papel.
Mis pechos apestan a un hedor de piedras preciosas escondidas en un cuenco pútrido de papas viejas. Las miro centellear en mis pupilas, pero me tapo la nariz por el olor a basura que olvidé sacar a la calle, capaz de repeler ángeles y otras yerbas.
Escarbando con mi dedo me arranqué huevos de serpiente y una dalia negra que tenía pegada al paladar. Todo de puro aburrimiento.

Heché procenex nueva fragancia en mis orejas y brotaron fetos muertos, pero en escabeche.

Entonces, se vino la fresca y salí a la puerta a ver mi repetida calle de barrio. Parada en la vereda de enfrente, me ví. Vestida con sedas y encajes chantilly subiendo con prisa a una enorme calabaza. Miré en el umbral de mi puerta y vi que allí había olvidado al partir sus filosos taco aguja.

Yo, volví descalza a buscar en la almohada. Una hilacha de luciérnagas.

Poema a las mujeres que tiene un amor de telenovela

Besos largos y mocos chorrean sobre el plato
silencios sobre llantos que salpican garabatos,
Sabor a bolero,
olor a puchero,
¿sollozos contenidos o dolores adheridos?
ellos viven abrazos de cartón corrugado,
¡en ese amor alguno se ha cagado!

Entre jabón en polvo y mujeres hermosas,
esas bocas finas te dicen cualquier cosa...
y la leche derramada en todas partes,
leche en tu sonrisa, calentura al mirarte,
botones que aprietan la cintura perdida,
y la transpiración te moja alguna herida,
con tus tetas sin caricias y tus
sueños de delicias, en sus ojos caramelo y el soñado olor dulce de su pelo
besando bocas rojas de antena satelital
con edipos de clase y pelotudez cultural:
inservibles monjas de clausura,
vidas de tacho de basura,
bastardos hijos abandonados
buscan en confines a sus padres olvidados
entre amores asexuados por idilios inventados,
viejas madres prostitutas venden hijas sustitutas, y

Tus mocos que se secan en la tanda,
soñás cogerlo al borde de una baranda y
el puchero que calienta el contenido, hace explotar ese puto choclo hervido, ah! de pronto la pasión que ahora concluye
te hace ver cómo la vida huye cuando
llega ese hombre que juega tu partido,
alguna vez quizás... lo hayas querido y
la pantalla te dibuja una pelota,
que golpea tu cabeza y otra vez
ahora sos otra,
con ese culo que te llega por el piso,
y ese sueño que nunca nadie quiso.

Tu música me antropofagia

No hay certezas, solo el don de se abrazo y nuestras piernas sobre la tierra.

Los cuerpos no se entregan. Están ahí. El hambre de amar hace estragos en la carne. Todos lo saben. Todos van al matadero y huyen de él.
La sangre gotea entre los dientes de los amantes. Extraño estado. Repulsión y deseo desesperado.
Tomá entonces tu filo platinado en el que tus ojos se reflejan cual mis ojos y sin mirarme siquiera, abrí un tajo en mi brazo, en mi vientre o sobre la curva que se tensa en mis muslos. Dejá que drene el placer si soportás el dolor de mi llanto continuo. Dejá que drene el dolor pues mi carne se prepara así para el festín orgiástico de tus dientes afilados.
Yo tengo tras mis cabellos una daga de bronce .
Y estaré esperando , penetrada hasta el alma mamífera de mi útero , para que llegue el momento de abrirte cual res extasiada por el orgasmo de la muerte.
Allí , echado sobre mi cuerpo que desfallece de a poco … bajo el aullido aletargado de tu voz.

Tantalia para Macedonio y El

En la leyenda de Tántalo, héroe helénico hijo de Zeus, sirvió a los dioses en un banquete la carne de su propio hijo Pélope.
Por ello, que revelaba los secretos de su padre mereció el castigo de sufrir de sed y hambre perpetuas.
Otra versión cuenta que el castigo fue por haber robado el néctar y la ambrosía de los dioses.


Pero más allá de la verdad de esta leyenda, dícese de vivir el suplicio de Tántalo cuando se quiere expresar el tormento de quien desea ansiosamente una cosa, y no la puede conseguir.


Una visión tantálica:

El amor es una visión tantálica. La pasión es, cuando existe, el deseo antropofágico de poseer al otro. Comerte de a pellizcos como una gordita de manteca diría Calvino. Sacarte la piel para sentir la carne viva entrando en mi garganta, mordida de a gajos, jugosa de tu líquido vital que huele a vainilla en la curva azul de tus ojos de gato y en la ácida oscuridad de ese cuerpo que me sabe a un dulzor imposible.
Todo vos sos imposible. Tu carne de mito es intragable, por eso solo quiero alimentarme de tu semen por 48 horas. Solo de él, de vos.
Vampirizarte… y que ese amargor plasticoso nutra mi voraz deseo de convertirme en un centauro salvaje. En una esclava de Dionisio.
Dionisiaca es tu falacia.
Y tu cara es un sofisma alado.
Imaginaria consumación de poseerte es mi espejismo.

Pero acá estoy , sentada, mirando tus palabras infinitas, tratando de no contar las notas del piano que faltan para que ya no estés. No vos, ni tus poemas prestados, ni tus fantasmas que me asustan, ni tus secretos tatuados en la piel. Me mordiste, intensos tus caninos me marcaron más allá de lo que vos verías.

Y poco a poco mi piel dibuja una frase que aún no logro descifrar. Tu mirada llena de erótica violencia, es como una gárgola en mi cuello.
Sobre la mesa: Tantalia encuadernada germina y se marchita al mismo tiempo. El universo y la nada.

¿O acaso podríamos saber algo más nosotros del amor?

Amor de baño

Tu amor es un amor de baño público,
de mingitorio
Constitución y ese olor que me penetra,
las braguetas se sacuden contra los vidrios entre
apretones y noviazgos de fellatios.

Sos un amor de higiénico rosado y te escapás,
te quiero enroscar a mi culo y
como un perro te pido a gritos,
donde solo hay puteadas escritas en las paredes,
lesbianas inventadas, teléfonos que no existen,
y yo,
que me meo parada sin boleto de ida hacia tu cama,
suplicando que me jures un idilio eterno,
hijos de a miles en las letrinas,
que me bañes,
que llenes mi cuerpo de marcas como trenes,
en todas esas direcciones equivocadas
con dulces besos de putas,
y mordiscones contra los pisos de Miserere.

Entonces , por fin, voy a tirar la cadena,
para que te vayas porque ya te fuiste,
para que tu cara se disuelva
en el remolino de agua que da vueltas frente a mis ojos,
y que tu olor se quede pegado
en los azulejos blancos de algunas estaciones,
de estas,
de aquellas otras,
y de todas esas otras,
que nunca seré yo.

Extraño

A veces, extraño el estado de los amantes. Ese ritual inconducente. Mirar como la obsesión se les hace una imagen borrosa y se les desdibujan los puntos en el espacio hasta transformarse en otra cosa.
Creen que nada va a reemplazar aquel velo del deseo y se envuelven en el. Les sacamos una foto. La congelamos. Observalos. Ellos no nos ven. Ellos no se ven.
Son como una foto enorme se les desvían los ojos para retener la escena y cada parte se hace una mancha, que ya no se escucha.
Se les empastan los ojos de desear. Se les infectan las pupilas por no desear nada . Se hacen pústulas de pus y quedan ciegos en la marea de querer amar una mancha muda.
La muerte es un juego de dos.
El amor, la sentencia de la ética de todos los hombres.