¿Podremos despedirnos de ciertas cosas?
No se pueden vivir duelos eternos. Ni odios eternos. Además los lutos largos sientan mal. Y los cortos solo se atreven a estar de moda.
Las cosas comienzan y se terminan, sino ¿Cuándo conoceremos algo nuevo?
La cosota, La Cosa diría un tal gran Heidegger, o la cosita pequeña y enorme a la que uno se aferra es solo un salvavidas hecho de dagas.
Sic. Otra instancia detestable son las falsas despedidas. Como esos novios adolescentes que se separan solo para volver a juntarse una y otra vez. Adioses simulados. Cobarde intención de final.
¿Qué esperamos de aquello que no parece más que un dulce daño diría Alfonsina ahogada en el mar?
¿ El sabor a caramelo de arsénico vencido?, ¿ El pegajoso gusto que deja en la garganta el dolor?
¡Flor de kiosko en el microcentro nos compramos donde todo sale caro y nada vale lo que es!
Variante 2: Implacable. Repetir
Pero como en el colegio , cuando te castigaban a llenar 100 renglones con el imperativo categórico incongruente y azarozo, de: No seré más como soy, de boca de un vejete disfrazado de maestra.
Viejos fantasmas con trajes gastados y frases remañidas, ya están cansados de salir una y otra vez a escena. Y el sueldo que cobran es la cara de desgracia que ponemos cuando los vemos iniciar la función.
Pero yo, recito a esa niña que tapada hasta la nariz en su cama, quiere que igual le cuenten , ese macabro cuento que la tiembla como una orquídea, una y otra vez.
jueves, 14 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)