sábado, 9 de agosto de 2008

La comida de los Centauros

ELEGIA

Prometí no olvidar de escribir en mi bitácora tu último deseo: Lo único que te pido es que no me quieras.

Juro que escarbé la tierra, me llené de barro los labios, las yemas de los dedos, la garganta y aún así no pude dejar de decírtelo , sabiendo que en ese mismo instante germinarían piletas vacías y océanos de silencios como serpentinas.

Pero ya lo descubrí un envenenamiento fúngico es esta sensación de amor. Ambrosía griega hecha de néctar, es este , el manjar de los dioses . Solanáceas batatas, tomates, brevas y otras raíces hacen de esta receta embrujada una ingesta micofóbica.

Eleusis

Cortar los hongos úvaros en finas rodajas, almibararlos con vino ácido del valle húmedo y ungirlos en manteca tibia con perlas de pimienta persas , hasta que crujan los huesos.

Cortar finas lonjas de ave apenas muerta y humedecerlas con la mezcla anterior. Dejar reposar hasta que brote el deseo de la boca por el hedor de un olor aduraznado. Unir las partes con sumo cuidado. Cocer lento sobre la llama azul.

Desnudar a los amantes y verter dos gotas de sangre, UNA por cada uno , cuando se sienta supurar el vino de los hongos inflamados.

Alejar del fuego que arde y esperar la tibieza del cuerpo que ingesta.

Desnuda sobre la mesa está el plato de mujer en carne viva para derramar con sutileza la cocción y comenzar así la degustación, con prudencia, de cada una de las partes.

Los dioses decían que decían que no hay cuerpo que comer si no hay cuerpo al cual comer, pues entonces dejar entrar en la boca de a sorbos dentados , cada sabor hasta llegar a la vulba de nuestra servida amante.

El amor fúngico hace efecto en este trance y hacia los labios de ella comenzará a brotar un estado caníbal , difícil de explicar con palabras.

Húndase en su carne jugosa , mientras que por sus labios goteará un líquido blanco como hilos de madreperla.

Metal

Me vibra el cuerpo. Como un disparo. Obviedad de sostener el metal dorado en mi cuerpo mientras los labios aprietan y mi corazón sopla confundido sin saber el camino.

Tu brazo sostiene el aire, fluye en tu silencio el bronce de su voz líquida y crocante, buscando algo para agregarle a las reglas del pentagrama.

Rayas puntos líneas rectas curvas, todas te llenan la garganta y los escupís con la misma ternura , con la que das a esa mujer ... a tragar bella saliva de tus besos.

Lo agarro con miedo a morderlo, dolce daño, lo cuelgo a mi cuello y le pido desde mi vientre parir algo que suene más sincero que mi voz. Vos, voz, canturreas para no decirnos lo que pasa en tu cabeza en clave de abecedario.

Vibración que muta las paredes un instante, cuando escuchamos hasta tus soplidos, escupidas y esa respiración entrecortada.

Y al final , esa loca imagen loca de ver que quién te sostiene a vos, es ÉL, y vos le prestás embriagado , tu cuerpo.

Sencillo amor de macramé.

Las agujas de tejer se cruzan, van y vienen pues con su lazo metálico se entrelazan. Forman formas que tejen palabras sobre el silencio hilado de mi espera. No soy Penélope ni lo pudiera. Aunque quisiera tejer a los pies de tu tren un anuncio : Llegarás.

Ahora tomo una sola , fina y con punta como una navaja, es un gancho que me atrapa el alma cada vez que doy otro punto de crochet, para expandirme en una manta larga que nos envuelve y nos distancia.

Aire y piel de lana se espuman en cada hilo o en cada hora. Miro el reloj que pasa y sangra tu ausencia de aguja en movimiento .

Lo lleno de macramé para la mesita de luz , para tu cuello y para mi abrazo empeluchado. Tic – tac. Yo te tejo llena de teclas de piano en una indescriptible ausencia. Bajo mil óvalos de lana sueño que me desovillarás los labios en este entierro de santa clara .